Ella, el Alzheimer y yo

Amanecer

Hola amig@s,

Hace ya unos meses que no escribía nada. Me recomendaron que pusiera un poco de distancia entre el Alzheimer y yo, y la verdad es que me ha ido muy bien. Estoy sintiendo que después de ser cuidadora puedes volver a sentirte viva.

Parece que, después de mucho tiempo, estoy volviendo a ser la persona alegre que siempre he sido. A pesar de que creo que la huella que esta enfermedad deja en el cuidador nos acompañará siempre, la solución es: aprender a vivir con ella.

Aunque no ha sido una desconexión total, ya que durante a este tiempo he contestado a correos muy cariñosos que querían comprar mi libro, o que me pedían algún tipo material relacionado con el Alzheimer:

Desde Argentina, María una estudiante de psicología social quería, junto a unos compañeros, hacer un trabajo de fin de carrera sobre el Alzheimer, visitó mi blog y me pedía consejo. Desde México, una muy amable doctora me pedía mi experiencia como cuidadora porque su madre es una víctima más. Y Elena, una estudiante madrileña residente en el Reino Unido, me ha pasado un precioso relato con el que piensa hacer un corto como trabajo de fin de carrera. Todo esto demuestra que hasta en la universidad hay preocupación por esta enfermedad y eso es estupendo.

Hace unos meses, una señora con su padre enfermo, me agradeció la ayuda que le brindó mi libro: Su madre decía que a su padre no le pasaba nada, incluso, tras salir de la visita al neurólogo, dónde les explicaron los pasos de la enfermedad, su madre decía que ella conocía perfectamente a su marido y que lo que le pasaba es que era más viejo y tenía más mala leche. Al poco tiempo le prestaron mi libro y tras leerlo comprendió que lo que hacia mi suegra era lo mismo que hacía su marido, así que aceptó finalmente darle medicación y apuntarle a la asociación.

Días atrás, con motivo del día 21 de septiembre, empecé a mirar por las redes y he descubierto con alegría que se está escribiendo más sobre el tema. Como siempre digo, dada la complejidad de esta enfermedad todo lo que se comente sobre ella es poco, ya que la mayor ayuda que puede haber para un enfermo es que su cuidador conozca y comprenda esta maldita enfermedad. Por desgracia, pasará por la vida de muchas familias sin que éstas lleguen a entenderla, con lo que eso supone para el enfermo y para seno familiar.

He leído que se ha creado una fundación para ayudar a los cuidadores y que otro cuidador también ha escrito un libro, les felicito de corazón. Pero también, he leído con tristeza las palabras de desespero, angustia y desconcierto de algunos cuidadores… parece que no importa el tiempo que pase, ni lo que se adelante en centros de día o información, la cruda realidad es que, cuando entra en una casa parecen tener los mismos problemas que hace unos años.

Entre otras muchas, leí palabras de desesperación tan fuertes como decir que han estado al borde del suicidio. Es muy duro, sé que hay momentos en que crees que no puedes más, pero si un cuidador está tan hundido, debe buscar soluciones, pedir ayuda familiar o profesional. Si tiene la opción de dejar paso a otro cuidador o incluso llevar al enfermo a una residencia, todo menos pensar en ese disparate. La vida es dura y a veces muy cruel, pero no tenemos otra, y seguro que si lo piensas, por muy hundido que estés, siempre encontrarás un motivo para seguir adelante, y unas personas por las que valga la pena vivirla. Yo les diría a esos cuidadores que si hemos sido fuertes para cuidarlos a ellos, seguro que lo somos para seguir adelante, porque la oscuridad aguarda siempre un amanecer, el mío ya ha llegado, y deseo que vuestra noche acabe pronto.

Un abrazo para todo el que lo esté pasando mal.

Carmen


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