Ella, el Alzheimer y yo

Carta de un amigo


Querida Carmen:

Soy el ganador del encuentro de escritores en Extremadura, ¿te

acuerdas de mí? Me regalaste tu libro. Quería decirte que me pareció
extraordinario, y que me inspiró a escribir una carta de amor que
envié a un concurso en el que quedé segundo. Te la dediqué a tí, y la
envío a continuación. Espero que te guste.
Que no decaiga el ánimo, y recuerdos a tu marido.


HOGAR DE TRES
 
2º Premio del VII certamen de cartas de amor y desamor Novios del
Mojón, Teguise (Lanzarote, Canarias), 2012
 
(Para Carmen Lucena)
 
Querida Charo:

Fue muy duro aceptar que te encariñases de otro a esas alturas de la
vida. Yo siempre he sido un hombre comprensivo, tú lo sabes, pero
aquello me superó. El día que me preguntaste «¿quién eres?», lloré
como no recuerdo haberlo hecho nunca antes, porque entonces descubrí
el nombre de tu nuevo amante: Alzhéimer.

¿Te acuerdas de nuestros planes para la jubilación? Habíamos hablado
de ir a un balneario, de hacer un crucero, ¡incluso mencionamos las
Canarias! Pero todo eso fue antes de que el maldito alemán se
instalase entre nosotros. A veces te incitaba a insultarme, otras a
arañarme, las más a ignorarme. Al principio lo odié con toda mi alma,
pero con el pasar de los años llegué a aceptarlo. Fueron años muy
duros, no te lo oculto, sobre todo los últimos, cuando te quedaste
postrada, aunque sin ellos nunca habría llegado a sentir tanto amor…
Me hacías tan feliz cuando extendías tus bracitos retorciditos para
pedirme un beso. Yo te lo daba y sentía que el alemán se moría de
celos. Luego te encogías hasta quedar convertida en una gavilla de
huesecitos, y mi amor aumentaba a la par.

¿Sabes cuántos días nos separamos durante aquellos años? Seis, los que
permanecí ingresado en el hospital por culpa del cáncer, los más
largos de mi vida, pero no a causa de la enfermedad (que lejos de ser
un enemigo se convirtió en un aliado), sino a causa de nuestra
separación. Marta contrató a una enfermera para que te cuidase en mi
ausencia, pero cuando regresé a casa reduje sus visitas a dos horas al
día. Discutí con tu hija, ¡tan terca como tú! Decía que yo merecía
descansar… incluso sugirió una residencia. Sé que lo decía por el bien
de ambos, pero yo me negué en redondo. Estabas en las mejores manos;
si hubiese sospechado otra cosa yo habría sido el primero en darle la
razón. Aprendí a cambiar pañales, a preparar biberones, a evitar que
se formaran escaras en tu piel… a veces llorábamos, otras reíamos,
otras…

Cuando llegaba la enfermera yo salía a hacer los recados y aprovechaba
para pasarme un rato por una asociación en la que podía compartir mis
penas, alegrías y experiencia con las víctimas colaterales del
Alzhéimer, porque debes saber que te engaña, que es un ser promiscuo,
bisexual y «viejófilo» (o como quiera que se diga lo contrario de
pedófilo).

Ayer el doctor me llamó para informarme de que mi aliado ha vuelto.
Esta vez me iré con él, como tú antes te fugaste con el alemán.
Prepárate, porque pienso actuar como uno de esos amantes de película:
saldré en tu búsqueda, retaré a un duelo al villano que te raptó, lo
atravesaré con mi florete y reconquistaré tu amor. Porque seguro que
no has olvidado —eso no puedes haberlo olvidado— cuánto te quiero.
Ya voy, Charo… mi vida.

 

José Manuel Gómez Vega

 

Comentarios

maravilloso ese aleman no puede contra el amor. cuido a mi padre con esa enfermedad pero el amor y la paciencia que Dios me ha dado es algo maravilloso, y hace que todo sea mas llevadero

Hola José Manuel, felicidades por tu premio. ¿Qué puedo decir aparte de un millón de gracias por dedicármelo? Dices que mi libro te ha inspirado, pues me siento muy orgullosa de que mis vivencias hayan servido para que de tu pluma salga una carta tan hermosa, que solo un artista lo podía conseguir. Tus palabras me han emocionado y me han hecho pensar que todo lo que he vivido quizás si ha servido para algo. Un fuerte abrazo y muchas gracias de nuevo.

Los pelos de punta...increíble!

¡¡¡Precioso!!!

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